24 de febrero de 2010

Casa de Muñecas: una obra innovadora (en su época)


El pasado día 6 de Febrero asistí a la representación de la obra "Casa de Muñecas", de Henrik Ibsen, en el Teatro Lope de Vega de Sevilla, y por ello, como de costumbre, os traigo mi crítica personal.

La obra empezó con el típico contexto de familia adinerada del siglo XIX. Pareja con dos hijos, criada, institutriz y el marido es banquero...¡como en Mary Poppins!. Se aproxima la Navidad y la protagonista de la historia, Nora, la señora de la casa, aprovecha la reciente ascensión laboral de su esposo para comprar regalos y más regalos. Aparece como inmadura y derrochadora, según ella, porque por fin puede no ahorrar, después de penurias del pasado.

Dichas penurias hicieron a Nora tener que pedir un préstamo a espaldas de su marido, Torval, y a día de hoy, sigue pagándolo y sin contarle nada. Lo que no sabemos en un principio, y francamente, hace que el nudo de la historia parezca un poco simplón, es que Nora falsificó documentos para obtener dicho préstamo. Qué casualidad que el hombre al que Nora debe dinero está a punto de ser despedido del banco en el que trabaja por su nuevo jefe. ¿Adivinaréis que Torval es el nuevo jefe del desdichado señor, no?

Todo este argumento tan victoriano me hizo, francamente, encontrar un poco aburrida la primera parte de la obra, pues en nuestro contexto actual, las deudas están tan a la orden del día, que no me resultaba creíble que Nora tuviese tanto miedo de revelar la verdad a su marido.
Nora, a mis ojos, sigue pareciendo una mujer con pocas luces, poca cabeza y poca seriedad, alquien que hace una montaña de un grano de arena.

Pero si la obra lleva un discurrir lento, el final no es menos que impactante. Al final, como es natural, Torval descubre el problema en el que su mujer está envuelta, el despedido les hace chantaje y el banquero aparece bajo una nueva luz: Torval insulta a su mujer, pretende cargarle el muerto y pretende hacer de su vida una falsedad por el "qué dirán". Una vez más considera a su mujer como un trapo, un elemento que aporte veracidad a su vida de Casa de Muñecas, una vida que hasta entonces, Nora creía real.

Y de repente, con la noticia de que el chantajista ha decidido dejarlos en paz, hay un cambio de roles: Torval pretende continuar como si no hubiese pasado nada, como si no se hubiese comportado como un niño y no hubiese despreciado a su mujer hasta la humillación. Para Nora, este hecho le hace abrir los ojos y buscar una nueva vida, esta vez de verdad.

Se trata de una obra bastante innovadora y, lo diré, feminista, para la época en la que se escribió, a finales del XIX. Me recordó bastante, quizás por este hecho, a "El Sí de las Niñas", aunque Casa de Muñecas es, en su totalidad, bastante más dramática.

La experiencia fue muy buena, además hacía tiempo que no iba al Lope de Vega, aunque luego supe por qué, porque hasta yo tengo problemas con el mini-espacio de clase turista que te dejan para las piernas entre filas de butacas. Un teatro no apto para gente grande, lo siento.

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